
En otras palabras: ¡estoy cagado! No Tego cabida en un mundo patriarcal y capitalista. Soy deficiente, incompleto, una falla dentro de una producción perfecta. Mi destino es la marginalidad, el ser negado, botado, abandonado. Pero si logro tener suerte me intentaran reparar en el cobijo de las “instituciones correctoras”, entonces mis colores verdes, violetas, azules, negros y rojos, serán remplazados por el color gris de este mundo de perdedores e hipócrita. Seré relegado a algún mecanismo de control total, tal vez la cocaína, el alcohol, el cigarrillo, fármacos o la televisión, sin duda el mas duradero en mi ha sido el televisor y es que el cúmulo de imágenes, tonelada de ruidos y posibilidad de un futuro, me anclan por horas.
Los sentimientos que me engendran son variados, desde la perfección y belleza de la naturaleza a su destrucción y dominio. Capaz de dotarme de una idea y al rato acabar con mis “utopías”. Y es que el mito de la televisión supera al del viejo pascuero, supera a los años y lo que es peor la dependencia se generaliza. Imposible pensarse una hora de ocio en la que el televisor no este presente, haciéndote llorar abusando del morbo o bien odiar mientras ves o oyes las mentiras que transmite. Su dependencia es acompañado de su precios, del consumo que la rodea, el sexo es puesto como algo intrascendental y pasajero, mientras que las deudas como trascendentales y permanentes.
En el único espacio y en el único tiempo en el que uno puede tener futuro es el de la televisión y es que estar informado significa estar bautizado en el tema del consumo, significa pertenecer a una red amplia, creciente y homogénea de televidentes, tener algo de común con el resto del mundo. Terminar amando la democracia, el derecho y el orden. Soñaras con ser un emprendedor, un metro sexual o un político eterno. Pero una vez apagado vuelves a tu realidad de agonizante empleado o inerte estudiante. Escucharas las charlas rutinarias de tu apitutado jefe o veras como tu cotidiano es parte de una teoría que intenta explicar la marginalidad en América Latina.
Entonces esperaremos que los políticos angustiados por sus denuncias nos prohíban verla o que nuestros cuerpos se desquicien, renuncien a nuestras mentes enajenadas por los esteriotipo de la TV y nos estrangulen ¿ y si nuestras sociabilizadas ansias de consumo nos terminan arrojando a todos tras los barrotes de una cárcel publica? Que les puede esperar a los que lleguen mas que ser criado por el televisor, que le queda al joven más que pasar sus horas de ocio con los canales de series y como no ser adulto sin haber visto al menos una película en el cable. Nos queda ser pequeñas células cancerigenas que mira críticamente su contenido y bombardea la mente de los más cercanos con racimos de mentiras televisivas. No callarnos, funar a cada uno de sus apóstoles porque no nos interesa su jerarquía eclesiástica, creemos que algún día los micrófonos no se distorsionaran cuando un policía abuse de un joven, queremos que alguna vez una cámara filme el maltrato diario de los profesores, que un satélite nos señale las coordenada de los árboles que ya no están, que un periodista comprometido denuncie el exterminio de la vida en el norte por las mineras.
Pero a veces despierto y percibo que en este mundo los canales no tienen sentimientos, son un negocio, una industria en donde prima la oferta y la demanda y quienes más que los ricos pueden inventar ofertas y quien más que los pobres se pueden endeudar en la demanda. Los canales tienen dueños y tienen empleados. Los dueños pueden ser empresarios que intentan proteger otros negocios más asquerosos o para presionar al Estado en lo que creen una cruzada justa, pueden ser una iglesia con miles de fieles en el mundo y que dice pensar por ellos y estar también iluminados por dios y sino del propio Estado que necesita mostrarse a los ciudadanos para que amen, adoren, sientan y tengan terror al orden. Los empleados por otro lado son miserables perros rastreros que por unas cuantas monedas son capaces de mentir, omitir, mutiar, corregir, adulterar cualquier puta noticia que pueda herir la sensibilidad de sus jefes. El empleado como el patrón tiene por ética el prestigio personal y por religión el dinero, dinero entregado por otras empresas que quieren que ustedes cuando se cansen de ver televisión vayan a sus tiendas a comprar con más dinero. Por lo que pienso es que si hay una profesión miserable por lo que hacen es el profesional de la televisión, gente verdaderamente entupida y lo que es peor ambicioso. Pueden grabar la muerte de una persona cualquiera en manos de la autoridad policiaca y hablarnos de la moda 2009.


































































