
A lo largo del tiempo los seres humanos como otras especies han vivido un constante proceso de adaptación, conocido como evolución. Los seres humanos tienen por principal característica su racionalidad lo que lo distingue de cualquier otra especie, dando cabida a emociones, deseos y frustraciones. La evolución se entiende como un proceso de carácter constante en donde la especie sofistica características que la distinguen de otras. Como existen pequeñas ranas envueltas en letales venenos, existen gigantes especies cuales pueden desplegar una cantidad de fuerza increíble, existen otras especies en la cual su evolución pasa por procesos sociales.
Los seres humanos responden a una evolución que pasa por ambas características, en primer lugar el hombre por si solo es incapaz de sobrevivir frente a las demás especies que pueblan el mundo, su sobrevida estaría subordinada a su inteligencia para con la naturaleza, en cambio cuando el humano esta inserto en una sociedad la verdad su inteligencia se enfoca a sobrevivir a los humanos. El ser humano a sido capaz de garantizar un desarrollo individual como colectivo, pero a costa de canibalismo, inmediatez y oportunismo tal cual sobrevive cualquier otra especie. Esto se debería a la concepción de la realidad y naturaleza que tenemos y la incompetencia de la ciencia (la más completa y sofisticada herramienta creada por el ser humano) para entender el proceso evolutivo. La evolución esta encerrada en un determinismo biológico y en el cual sus acercamientos a otras ciencias lo ha hecho a partir de conceptualizaciones biológicas.
Como ejemplo esta la sexualidad, la forma como nos relacionamos en lo sexual es solo propio de los seres humanos, el amor, la indiferencia, la arrogancia, la alegría, la compañía son emociones que solo los humanos podemos describir, intentar entender y profundizar y todo ello por que pasan por un proceso propio de los seres humanos como lo es el deseo. Que podamos estar solo unas horas completamente enamorados o bien toda la vida, ese relativismo de los seres humanos pasa por el deseo así como gran parte de nuestras acciones están permanentemente vinculadas al tener deseo o a no desear las cosas. El deseo es permanente y esta presente desde el levantarnos, hasta el acostarnos. El resto de las especies se aparean para satisfacer un instinto, no lo hacen todo el tiempo, ni cuando ellos lo estiman, sino cuando se activa en su organismo.
El deseo que puede ser o no de origen natural o biológico a temprana edad es modelado en función del aprendizaje. Esta ambigüedad del deseo es tratado de forma magistral en la literatura del Marqués de Sade y en las imágenes creadas en la mente de Pasolini. Escritor y director llegan a concebir a la satisfacción como el fin del deseo. Satisfacción que van de las mas aberrantes practicas a las mas placentera. El cuerpo humano es un ejemplo latente de la amplitud en la satisfacción. El Marqués, como el director son capaces de crear un mundo en donde la aberración es protagonista, donde lo humano se extingue y da paso al deseo perverso, a ese deseo moldeado por la sociedad violenta. Los golpes, las relaciones anormales, el placer en el dolor ajeno, en la incertidumbre del otro. El sometimiento se vuelve en deseo culpable ese que moldea nuestras conductas, practicas y como orientamos nuestros deseos también hacia lo culpable.
El deseo sexual es subversivo de otra forma como comprender a aquella división aberrante a partir del sexo, como entender al género como sinónimo de exclusión, como entender cuerpos malgastados en la dictadura del sexo, en donde los cuerpos sometidos se niegan a cualquier punto de fuga. El deseo sexual desde la clandestinidad dice: “vamos, toca, habla, dile, quiero” y nuestra manipulada conciencia dice: “basta, aléjate, anormal, calla”. Dejando pasar el tiempo en rutinas tediosas, por ejemplo Traspasado los 120 días de Sodoma y Gomorra los señores se disponen a dar los nombres de aquellos que lograron sobrepasar a la conciencia y encontrar en el deseo sexual su regocijo, los demás solo encontraron a la muerte.
La década de los 60° fue la época mas libre del planeta, el rechazo al capitalismo y al socialismo eran resultado de su ecuación conmutativa la opresión al otro, la juventud rechazaba la violencia del ser distintos, de la obligación moral de ser heterosexual y de las soporíferos desfiles de ropa, colores, maneras, formas, posturas que hombre y mujeres deben tomar por separado y lo cual entra en contradicción con la habilidad evolutiva de ser racionales y por ende de distinguir la infamia en la que la humanidad a vivido por siglos. La década más libre termina de la peor manera el no poder soportar la década de Sodoma y Gomorra, el capitalismo y el socialismo iniciaron el proceso tradicional de la muerte, las décadas que le siguen son las de globalización, neoliberalismo, terapias de shock, la era del individualismo extremo y con ello el sometimiento del cuerpo al consumo, consumo, consumo.
El mundo necesita de hombres y mujeres subversivas, tal vez ya no anarquistas o libertarios sino hombres y mujeres que sean capaces de llevar sus deseo sexual a ser un acto político radical en contra de aquellos en lo que hemos sido construidos como sujetos. Necesita el mundo de jóvenes dispuestos a la rebeldía moral contra lo más rutinario de nuestra existencia: el sexo. Tal vez cuando lleguemos a reedificarnos como una humanidad libre de las barreras sexuales habremos avanzado un escalón más en el espiral evolutivo.






































































